Una de las grandes aportaciones de las redes sociales a mi vida, es aprender de muchos amigos y amigas que a través de sus blogs ofrecen cada día perlas de sabiduria popular, democrática, comunal y ante todo libre. Libertad, regalo celestial que Dios hizo al hombre. Hay opiniones para todos los gustos, y puntos de vista diferentes, tantos como bloggers. Tanta diversidad es un tesoro y una riqueza ilimitada, al alcance de todos nosotros. Un milagro.
Pero, hay una cuestión que no suelo ver a la que se haga referencia en las interesantes reflexiones de todos los amig@s: la Verdad.
La Verdad es la llave de la Libertad, de la libertad personal y la colectiva. El inicio de la solución de todos y cada uno de los problemas a los que nos enfrentemos. La Verdad es la materia prima de la Libertad. Cuando te enfrentas a la Verdad sobre algo, por duro que sea, sientes una liberación interna inexplicable, te sacas un peso de encima, sientes paz interior. En el momento que conoces la Verdad de algo, tu mente se tranquiliza y se ilumina, mostrando las posibles soluciones a la situación. Como me decían los antiguos profesores de matemáticas: “lean bien el enunciado y tendrán resuelto la mitad del problema”. Formular correctamente un problema es el primer paso para su resolución.
Pero esa formulación debe realizarse con honestidad, buscando la Verdad. Sin complejos sobre si la formulación será ”politicamente correcta” o “conveniente” o “apropiada”. La Verdad es la que es, cruda, desnuda. La búsqueda de la Verdad es una tarea que requiere descarnamiento para llegar al final, estoicismo para no filtrar los hechos, valor para enfrentarse a un resultado que no nos puede gustar, arrojo y tenacidad para no desfallecer en su búsqueda y de absoluta rectitud para no dejarse influir por las críticas interesadas o las opiniones torticeras y simplicidad para llamar a las cosas por su nombre, sin retóricas huecas ni estéticas vacías. No es fácil, desde luego.
Pero peor es mentir. La mentira es la asesina de la Libertad. Tanto de la individual como de la colectiva. En el momento que mientes, eres esclavo de tu invención, que deberás mantener para no ser acusado de embustero por tus conciudadanos. No puede haber libertad basada en una mentira. Ni que sea piadosa. No hay excusa. Nuestra conciencia nos recuerda en lo más íntimo y profundo de nuestro ser, a solas y en silencio, nuestros pecados, picándonos. Muchos intentan acallar y no escucharla, pero infructuosamente, aunque no lo reconozcan. Defraudar a la conciencia es lo peor que alguien puede hacer, porque es la única compañera de viaje que estará con la persona hasta el último minuto de su vida. Y no calla.
En nuestra sociedad, nos hemos olvidado de la Verdad, y nos hemos acostumbrado a un estado permanente de ”mentira”. Consciente o inconsciente. Mentira es aparentar lo que no se es. Mentira es manipular a los demás para hacerles creer lo que no es. Mentira es convencer a alguien para que haga algo que no le conviene pero que favorece a nuestros intereses. Mentira es simplemente alterar los hechos para confundir o justificar algo que no hemos hecho bien. Mentira es querer construir una imagen que difiere de quienes somos. La madre de la mentira es el miedo. Y si el miedo es nuestro peor enemigo como seres humanos, su hija la mentira es un enemigo insidioso que no le va a la zaga, que se filtra hasta el tuétano de una sociedad, a través de cada uno de nosotros.
En estos tiempos de dura crisis, me refiero a la celtibérica, a esta crisis genuinamente hispánica, crisis producida por una sociedad enferma por la apariencia, la mentira, el resultado rápido y sin esfuerzo, la osadía de la ignorancia, la mediocridad como valor, por precios alejados del real valor de las cosas, no habrá solución correcta si antes no hacemos un ejercicio personal y colectivo de buscar la Verdad. La Verdad como perentoria necesidad de formular el problema real que nos ha llevado a esta situación social, económica y política. Sin la Verdad no sabremos cuales son las causas reales del problema. Sin la Verdad, no conseguiremos lo que nos merecemos: La Libertad en Paz, con Dignidad y Justicia.
Todos y cada uno de nosotros, como ciudadanos, pero también como trabajadores, empresarios, profesionales, funcionarios, políticos, en nuestro desempeño cotidiano…deberíamos luchar con coraje por la Verdad. Nos ahorraríamos muchos problemas, seguro, y empezaríamos a solucionar los que tenemos como país, como sociedad, como ciudadanos.
Hace unos 1.980 años, un hombre llamado Jesucristo lo proclamó pacifica y firmemente a los fariseos: “La Verdad os hará libres”. Seamos libres, entonces.
Lo siento, no puedo añadir ni debatir sobre nada porque el texto está tremendamente bien explicado y no te has dejado nada, de nada.
Lo de la Mentira me ha impresionado. Estoy seguro que algunas cosas se hacen de forma inconsciente porque puede más la necesidad que la amistad o la honestidad. Será el miedo al que te refieres, supongo.
Muy bueno.. escribes poco pero muy bien.
Un abrazo
Gracias, David.
Si lo meditas, la mentira nunca es una salida. Su coste es enorme.
Un abrazo
¿La Verdad?: De veras que me “impresiona verdaderamente” tu capacidad para hacer reflexionar. Estoy aprendiendo a conocer -de verdad-, a Sebastián García Doménech. De verdad, estoy orgulloso de ser tu padre. ¡¡Gracias!!. (Continuará) 12/03/2010(09:28).
Sebastián, el comentario de David Soler es muy apropiado, y coincido con él. Y coincido contigo en tu final: Jesucristo nos enseñó a ser libres. Se trata de buscar esa verdad y proclamarla. !! Enhorabuena, Sebastián¡¡ Muy bueno el Tema. Un fuerte abrazo
¡Fantástico! de verdad. Como mi formación está plagada de escaseces, atribuibles unas a mi propia torpeza y otras a los tiempos en que fuí adolescente, (entre 1931 y 1941) para extraer de tu escrito, amigo Sebastián, la infinita importancia y tanta verdad como contiene, lo he releido varias veces y debo felicitarte, al tiempo de enviar un abrazo a tu padre.
Muchas gracias, amigo Andrés:
Es un honor y un placer que te haya gustado estas humildes reflexiones.
Hay una serie de valores que no se atesoran mediante el conocimiento, sino mediante la sensatez, y convendrás conmigo, que en ese terreno, gracias a Dios, no hay titulaciones.
Un abrazo
Sebastián